
La esposa de Lester Montes escribió a Julia Talbott y a la dirigencia para denunciar presuntas intimidaciones; las bases se dividen a días de las elecciones
A menos de un mes de los comicios, el Partido Liberal enfrenta un episodio que agrega tensión a su ya exigida maquinaria territorial. En las últimas horas circularon capturas de conversaciones atribuidas a Alia Kafati, señaladas por su tono amedrentador hacia la esposa de Lester Montes. El material, compartido a esta redacción por lectores y militantes, avivó un debate que viene escalando en barrios y aldeas: ¿hay coordinación o cada equipo camina por su lado?
De acuerdo con el documento aportado a este medio, fue la propia esposa de Lester Montes quien decidió escribir personalmente a la activista Julia Talbott y a integrantes de la cúpula del Partido Liberal para denunciar la conducta de Kafati. En su comunicación cuyos términos reseña el material recibido pide que se tomen medidas y se establezcan límites para evitar nuevas situaciones de hostigamiento. La misiva añade un elemento institucional a un conflicto que, hasta hace poco, se leía como un choque entre militantes.







Talbott, quien ha tenido una exposición pública creciente, confirmó haber tomado conocimiento del caso a través de los mensajes que le fueron remitidos, según consta en el documento fuente. A partir de allí, dirigentes locales relatan que el tema migró de los chats internos a reuniones y asambleas, introduciendo fricción en tareas operativas clave de la recta final: mensajería, registro de electores, capacitación y logística de traslado.
La filtración de capturas generó efectos inmediatos en el territorio. Coordinadores en colonias y aldeas reportan la aparición de ‘dobles rutas’: brigadas que representan a un mismo partido, pero operan con jefaturas distintas, listas separadas y líneas de discurso no siempre compatibles. “La gente percibe desorden”, resume un responsable de centro de votación. “Si no se unifica, el cansancio y la desconfianza se traducen en menos participación el día de la elección”.
La denuncia dirigida a Talbott y a la cúpula partidaria también puso sobre la mesa una pregunta de procedimiento: ¿qué protocolos existen para canalizar quejas internas cuando involucran a figuras con visibilidad? Especialistas en organización electoral consultados apuntan a la necesidad de un canal formal, con plazos claros y salvaguardas para evitar la revictimización, sin renunciar a la presunción de inocencia de las personas señaladas.

También hay críticas hacia Julia Talbott. Dirigentes y activistas consultados, así como el material aportado a esta redacción, señalan que su cercanía política con el diputado Marlon Lara ha encendido recelos en comités barriales desde que ella empezó a ganar notoriedad. Para unos, esa relación se lee como reacomodo de cuotas; para otros, como una apuesta por mayor músculo territorial. En los hechos, cada aparición conjunta y cada guiño público han acrecentado la tensión en las bases, que reclaman reglas claras y menos personalismo. Pues, estas han leído esta cercanía como una relación del tipo amorosa entre Lara y Talbott.
En lo inmediato, operadores con experiencia recomiendan separar lo personal de lo operativo: designar un centro de mando técnico por municipio, unificar mensajería, asegurar trazabilidad de visitas y definir responsables para formación de mesas, alimentación de voluntarios y resguardo de actas. “Las campañas se ganan con disciplina y coordinación; los pleitos internos solo diluyen esfuerzos”, coinciden.
Lo que comenzó como un cruce entre dos activistas con influencia Julia Talbott y Alia Kafati hoy tiene impacto sobre la moral y la organización de las bases. La carta de la esposa de Montes a Talbott y a la cúpula funcionó como un punto de inflexión: convirtió una disputa privada en un asunto que exige respuesta institucional y aceleró la segmentación que se percibe en estructuras barriales.
La recta final de campaña no concede pausas. La división interna, insisten los operadores consultados, siempre cobra su factura en urnas.

